Hace unos días cuando fuí al juzgado no-sé-qué-número-de-lo-penal donde la gente va a ver qué tal van los procesos que le incumben me sentí como en “El proceso” de Kafka. Cuando caminé por los pasillos sentí que era K deseoso de salir de las sofocantes oficinas. Cuando mi papá hablaba con el defensor público federal (que no es el mismo que el defensor de oficio) me sentí ignorante como creo yo que K se sintió en todo su asunto.
Cuando leia "El proceso" imaginaba a K parecido a mi novio: alto, blanco, de pelo oscuro y chino, algo ancho-musculoso y de manos grandes. Creo que, de hecho, veía a K justo como veo a mi novio quien, sin saber, ya protagonizó desde cuentos de H.P. Lovecraft hasta libros de Charles Dickens.
Curiosamente me habían comentado, antes de leer las novelas, que K y Gregorio Samsa eran el mismo personaje pero en distintas situaciones. Sin embargo yo a K me lo imaginaba más macho que a Gregorio Samsa. A Gregorio lo imaginaba más flaco, más pálido (antes de que fuera un insecto, claro), más chaparro y con el pelo lacio acá bien nerd style.
Tal vez soy ignorante y me deberían pegar utilizando los clásicos de la literatura mundial pero para mí Gregorio Samsa ni se convirtió en cucaracha ni se parecía a K y punto.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Me gustaron los cortos de tu post ante pasado.
Ley varios al azar, tienes algo, cierta acidez y un humor diferente, sacalo, no te quedes ahi, que la falta de comentaristas no te desanime.
Publicar un comentario